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¿Qué es el riesgo sistémico y cómo se contiene?

Separación de banca comercial e inversión tras la Gran Depresión

1. La Gran Depresión de 1929

La crisis de 1929 marcó un antes y un después en la historia financiera mundial. El colapso bursátil iniciado en octubre de ese año en Estados Unidos provocó la quiebra de más de 9.000 bancos durante la década siguiente. La falta de supervisión, el exceso de especulación y la inexistencia de seguros de depósitos generaron pánico masivo y retiradas simultáneas de fondos.

Como respuesta, se introdujeron reformas estructurales de gran alcance. En 1933 se aprobó la Ley de Banca que separó la banca comercial de la banca de inversión y creó un sistema federal de garantía de depósitos. Estas medidas buscaban restaurar la confianza pública, limitar la especulación con el dinero de los ahorradores y reforzar la supervisión estatal.

El alcance resultó global: diversos países implementaron modelos equivalentes de salvaguarda para los ahorradores y consolidaron sus bancos centrales en su rol de prestamistas de última instancia.

2. La crisis de deuda latinoamericana de 1982

Durante la década de 1970, varios países de América Latina se endeudaron fuertemente aprovechando créditos internacionales abundantes y tasas de interés relativamente bajas. Cuando las tasas subieron a inicios de los años ochenta y el crecimiento se desaceleró, México declaró en 1982 que no podía cumplir con sus obligaciones externas, desencadenando una crisis regional.

Las consecuencias incluyeron recesión prolongada, inflación elevada y severas restricciones fiscales. En el ámbito regulatorio, esta crisis impulsó nuevas normas internacionales de capital bancario. En 1988 se estableció el primer acuerdo internacional que fijó requisitos mínimos de capital para los bancos, obligándolos a mantener reservas proporcionales al riesgo de sus activos.

Este planteamiento centrado en los riesgos revolucionó la vigilancia bancaria mediante la implantación de normas uniformes y equiparables a escala internacional.

3. El colapso bursátil de 1987

El llamado “lunes negro” de octubre de 1987 provocó una caída de más del 20 % en los principales índices bursátiles en un solo día. Aunque no derivó en una depresión económica como la de 1929, puso en evidencia la vulnerabilidad de los mercados ante operaciones automatizadas y ventas masivas coordinadas.

Tras este episodio se reforzaron los mecanismos de suspensión temporal de cotizaciones para frenar desplomes abruptos. También se incrementó la cooperación entre autoridades regulatorias y bancos centrales para garantizar liquidez inmediata en situaciones de tensión.

La experiencia demostró que la estabilidad financiera depende no solo de la solvencia bancaria, sino también del buen funcionamiento de los mercados de capitales.

4. La crisis financiera asiática de 1997

Iniciada en Tailandia con la devaluación de su moneda, la crisis se propagó rápidamente a Corea del Sur, Indonesia y otros países de la región. El endeudamiento en moneda extranjera y la débil supervisión bancaria agravaron la situación.

Millones de personas cayeron en la pobreza debido a la contracción económica. Como respuesta, se fortalecieron los marcos regulatorios nacionales y se mejoraron los estándares de transparencia y revelación de información financiera. Además, se promovió la acumulación de reservas internacionales como mecanismo de defensa ante ataques especulativos.

Esta crisis impulsó reformas orientadas a la gestión prudente del riesgo cambiario y al control de los flujos de capital a corto plazo.

5. La crisis rusa de 1998

En 1998, Rusia declaró la suspensión de pagos de su deuda interna y devaluó su moneda. El impacto se extendió a mercados internacionales y puso en riesgo a grandes instituciones financieras con exposición significativa a deuda rusa.

El episodio reveló la interconexión creciente del sistema financiero global. A partir de entonces, los reguladores comenzaron a prestar mayor atención al riesgo sistémico y a la necesidad de supervisión consolidada de conglomerados financieros.

Se fortalecieron los mecanismos de evaluación de riesgos y se promovió una mayor cooperación entre supervisores de distintos países.

6. La crisis argentina de 2001

El colapso del régimen de convertibilidad entre el peso y el dólar, junto con un endeudamiento insostenible, llevó a una crisis bancaria profunda. El denominado “corralito” restringió la retirada de depósitos, generando protestas sociales masivas.

El caso argentino evidenció la importancia de contar con marcos macroprudenciales sólidos y políticas fiscales sostenibles. Tras la crisis, muchos países revisaron sus sistemas de garantía de depósitos y reforzaron la supervisión sobre la exposición bancaria a deuda soberana.

También se puso de manifiesto que la solidez del sector bancario se halla firmemente conectada con la confianza que inspira la estrategia económica global.

7. La crisis financiera global de 2008

Originada en el mercado hipotecario de alto riesgo en Estados Unidos, la crisis de 2008 desencadenó la mayor recesión mundial desde la década de 1930. La quiebra de una importante entidad de inversión en septiembre de ese año generó un efecto dominó que paralizó los mercados financieros.

Las causas incluyeron titulización excesiva, apalancamiento elevado y falta de transparencia en productos complejos. Como respuesta, se implementaron reformas regulatorias profundas:

  • Elevación de las exigencias de liquidez y capital.
  • Exámenes de resistencia frecuentes en entidades bancarias de gran envergadura.
  • Constitución de juntas de estabilidad financiera.
  • Fiscalización más rigurosa sobre los derivados financieros.

Además, se establecieron marcos para la resolución ordenada de entidades sistémicas, buscando evitar rescates financiados con recursos públicos.

8. La crisis bancaria derivada de la pandemia de 2020

La emergencia sanitaria mundial provocó una contracción económica abrupta. Aunque el sistema bancario mostró mayor resiliencia que en 2008, fue necesario implementar medidas extraordinarias, como líneas de liquidez masivas y moratorias crediticias.

Las autoridades regulatorias flexibilizaron temporalmente ciertos requisitos de capital para sostener el flujo de crédito, al tiempo que reforzaron la supervisión del riesgo operativo y tecnológico ante el auge de la banca digital.

Esta crisis consolidó la importancia de la regulación macroprudencial preventiva y de la coordinación internacional inmediata frente a choques globales.

Transformaciones duraderas en la regulación bancaria

Las ocho crisis descritas comparten elementos comunes: exceso de riesgo, fallas de supervisión y pérdida de confianza. Cada episodio impulsó cambios regulatorios que, acumulativamente, moldearon el sistema financiero contemporáneo.

Hoy la regulación bancaria se apoya en tres pilares fundamentales:

  • Solvencia y capital adecuado para absorber pérdidas inesperadas.
  • Gestión integral del riesgo que incluye factores de mercado, crédito, liquidez y peligro sistémico.
  • Transparencia y supervisión coordinada a escala internacional.

La historia evidencia que la normativa financiera suele evolucionar a partir de las crisis. Cada derrumbe saca a la luz vulnerabilidades que pasaban desapercibidas durante los periodos de bonanza, obligando a replantear la frontera entre la cautela y la innovación. Entender dichos cambios no solo facilita la lectura del presente, sino que también ayuda a prever los próximos retos dentro de un ecosistema financiero cada vez más enredado y sofisticado.

Por Paula Larraín

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